El uso de plásticos en la alimentación y cómo reducirlo
29 abril 2019 Por admin 0

El uso del plástico en los alimentos

¿Estamos abusando del uso del plástico?

Que el plástico es un elemento de uso cotidiano en nuestras vidas es algo que nadie puede negar. Echando una miradita alrededor de donde nos encontremos, estamos cien por cien seguras de que más de un elemento de este material se nos cruzaría en el camino. 

Y es que desde su invención su uso no ha parado de crecer, invadiendo todas las esferas de la vida: desde la construcción, pasando por el transporte, la medicina, la electrónica…, hasta llegar a la agricultura y más concretamente a la comida. 

Sus aplicaciones son innumerables, debido a unas determinadas cualidades, entre ellas su resistencia y durabilidad, que se tornan en ventajas para su uso y producción masiva, pero que, a su vez, generan también muchos riesgos por su uso desmedido.

Vamos a centrarnos en lo que rodea al tema concreto que nos ocupa, el uso del plástico en los alimentos

¿Dónde encontramos plástico relacionado con la alimentación? 

Esta pregunta es muy fácil de responder, haciendo un recorrido desde que vamos a comprar alimentos o materia prima para prepararlos, hasta su consumo y posterior producción de desechos; vamos allá.

Nos encontramos en el lineal del supermercado. Aquí, donde sea que miremos, vemos alimentos empaquetados, envasados enteramente en plástico o con una parte de ese material. También encontramos paquetitos de plástico individuales dentro de paquetes de plástico más grandes, que agrupan a estos; y bricks y botellas y bandejas, y aún yendo más lejos, vemos frutas y verduras que, además de tener su packaging natural, la piel, han sido envueltos individualmente en plástico, como si la propia naturaleza del alimento fuera insuficiente y hubiera que reforzarla. 

Si no es así, debemos ponernos guantes, de plástico, e introducir cada tipo de fruta y verdura en una bolsa diferente, las que ofertan gratis los supermercados y tiendas son también, de plástico.

Nos dirigimos así a la caja del establecimiento, a pagar los productos que hemos comprado, con una cesta llena de paquetes y paquetitos, de todos los tamaños y colores, pero de un material concreto: plástico. Y ahora lo siguiente: bolsas para guardar y organizar la compra. Es cierto que cada vez más establecimientos ofrecen alternativas a las bolsas de plástico, pero también es verdad que se siguen consumiendo miles de ellas día tras día.

Después de este recorrido, ya tenemos una idea de la gran cantidad de plástico que nos llevamos para casa. Pero, ¿somos del todo conscientes de que esto pueda conllevar algún perjuicio? ¿Cuál es el problema del consumo de plásticos?

El problema del uso de plásticos en el medio ambiente y en nuestra salud

El problema radica en que muchos de los productos realizados con este material, asociados al consumo de alimentos, están pensados para usar y tirar. 

Su vida útil se limita a un único uso, y esto choca de lleno con aquella característica que mencionamos más arriba, su durabilidad. Usar algo una sola vez y desecharlo, cuando su vida útil puede llegar a ser de cientos de años, se nos presenta como algo ilógico, a poco que lo analicemos. El resto del tiempo ese objeto permanecerá en algún vertedero, enterrado, o sobre la faz de la tierra, o en el mar, descomponiéndose aún más lentamente y provocando contaminación por micropartículas, allí en el medio donde se encuentre. Los animales y las plantas lo integrarán a su proceso de alimentación, llegando nuevamente a nosotros, cuando volvamos al super a comprar comida.

Se trata de una cadena causal por la que el plástico es capaz de entrar a nuestro sistema digestivo, invadiendo nuestro cuerpo y exponiéndonos a graves enfermedades, debido a su composición química. Pero tampoco debemos olvidar que el plástico afecta de varias maneras a la vida en el planeta, causando estragos en la misma vida de cientos de especies que los consumen por error, o que simple y fatalmente son envueltos o atrapados por bolsas, packs y otras manifestaciones del material en cuestión.

Cómo reducir el consumo del plástico en nuestro día a día

Sigamos con el tema. Asumido el abuso en el uso del plástico y nuestra responsabilidad personal para controlarlo ¿cómo podemos mermar su utilización para así reducir su impacto en el medioambiente y por consiguiente en nuestra salud?

Por fin esta problemática se ha puesto sobre la mesa. Ya muchas personas conscientes e implicadas llevan tiempo planteando soluciones y alternativas originales para hacer el cambio necesario. Y ese cambio está a nuestro alcance e implica, simplemente, reducir el consumo. ¡Os dejamos unos consejos muy fáciles de llevar a cabo para que así sea!

Consejos útiles para consumir menos plástico

Las formas son concretas y sencillas. Hay que hacer un cambio en nuestro automatismo, en la forma que tenemos de funcionar cotidianamente. Empezando por consumir productos que no estén envasados, o sea, a granel, y utilizar para ello recipientes reutilizables, rellenables, dándoles una larga vida útil, reduciendo así los plásticos de un solo uso y haciendo más pequeña a su vez, nuestra huella de desechos.

Podemos utilizar para esto tuppers que tenemos en casa, ya sean de plástico o de vidrio, bolsas de plástico que hayamos adquirido previamente, hasta que ya no sean útiles, bolsas de tela, que tienen una durabilidad muy considerable y que siempre se pueden arreglar en caso de una rotura, de algodón, de rafia, cestas trenzadas, hay un sin fin de posibilidades.

Si no nos queda más remedio que comprar envasados, optar por los que sean de materiales más amigables con el medio ambiente, que sean libres de tóxicos y que, a su vez, sean de rápida y sana integración al medio, que no sean contaminantes. A su vez, elegir siempre materiales que no sean desechables y reutilizar todo lo que podamos todas las veces que sea posible.

Un detalle muy importante es que cuanto menos procesados sean los alimentos que consumimos, más probabilidades tenemos de conseguirlos a granel, y esto no solo va a repercutir en la reducción del uso de plástico, sino que directamente hará que nuestra dieta se vuelva más sana.

Los productos de cercanía o de kilómetro cero son los que podemos conseguir en las tiendas del barrio o directamente en la huerta del productor, eliminando intermediarios, accediendo más directamente a ellos, y evitando el empaquetado por cuestiones de higiene y conservación, al no pasar de mano en mano, o de continente a continente.

Como véis, no suena tan complicado y de hecho no lo es, si ponemos un poquito de conciencia en nuestro proceder diario y cariño en cada acción por nuestra salud y la del planeta.